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La presa de los depredadores

La pequeña niña de 18 años con pelo rubio largo y recto y una pequeña cara redonda se puso frente a un telón de fondo de animales rellenos. Llevaba un cóker negro con un arco y tenía labios rosados lujuriosos. Sus tetas grandes y redondas estaban escondidas debajo de una tapa de cuero apretada, mientras que su cuerpo de bronceado estaba revestido en medias de cuero negro. La habitación estaba llena con el olor de cuero y el suave hum de un ordenador distante. Ella se ruborizó ligeramente a medida que ajustaba sus altos coletas, tratando de ocultar el hecho de que su pequeño y pervertido culo apenas estaba cubierto por su mini falda de cuero. El aire era grueso con tensión a medida que la puerta se abrió, revelando un hombre viejo grande y musculoso de pie en el umbral. Sus ojos brillaron con el hambre de un depredador, su enorme polla abultada bajo su manto destrozado. Ella trató de correr, pero sus piernas pequeñas no la llevaban lejos antes de que la agarrara bruscamente, levantandola del suelo. Su enorme mano forzó su boca abierta, y gritaba con horror mientras empujaba su enorme polla en su cuerpo temblor. El dolor era atroz, pero no podía escapar. Sus empujes poderosos eran implacables, cada uno que la hacía llorar en angustia. A pesar de sus luchas, no se detuvo hasta que terminó, dejando su batido y contusionado en el suelo frío. La habitación estaba en silencio excepto por el sonido de sus sobs mofados.