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En un almacén de gimnasio oculto, Haruno Sakura, con su pelo rosa y ojos verdes, estaba temblando. Su sujetador deportivo rosado miró por debajo de su ropa mientras se arrodilló en el suelo, su espalda arqueada sobre un caballo abovedado. El aire era grueso con tensión, y el sonido débil de las líneas de velocidad se hizo eco a través de la habitación. Se mordió el labio, corrió el corazón mientras se preparaba para el siguiente movimiento. La puerta se abrió, revelando una figura de pie justo dentro, su intensa mirada encerrada en ella. El aliento de Haruno se golpeó mientras se dio cuenta de que era Naruto Uzumaki, pero no llevaba su traje de naranja habitual, en lugar, tenía un uniforme de pista, revelando su físico tonificado. Su presencia llenó la habitación, dejando a Haruno sintiéndose excitado y nervioso. Los dos compartieron una mirada cargada antes de acercarse, sus movimientos deliberan. Las manos de Haruno temblaron mientras alcanzaba para tocar su pecho, sus dedos cepillándose contra el tejido blando de su uniforme. El olor del sudor se enfureció en el aire, mezclando con el sutil almizcle de sus cuerpos. Sus ojos se encontraron una vez más, sin mirar lejos, las palabras sin palabras que cuelgan pesadas entre ellos. La atmósfera era eléctrica, cargada de anticipación. El pulso de Haruno se aceleró cuando sintió que sus brazos fuertes la rodeaban, jalándola suave pero firmemente contra él. Sus labios se encontraron con ella en un beso apasionado, sus corazones golpeando en sincronía. El mundo exterior parecía desvanecerse, dejándolos perdidos en su propio universo de deseo. Sin embargo, en medio de la pasión, había una sensación de que algo estaba... apagado. Una sombra se enfureció al borde de su visión, un recordatorio de que no todo era como parecía.
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