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La primera vez

En un dormitorio diminuto, una chica asiática de 18 años con pelo negro largo y un resplandor suave en sus características está tranquilamente dormida. La cámara captura cada detalle intrincado de su cara, su maquillaje todavía impecable a pesar de la hora tardía. A medida que la escena cambia, el niño, cuyo rostro no se muestra sino cuya voz se oye, susurra algo en su oído, causando que se mueva ligeramente. Se despierta, sus labios rojos se separan ligeramente mientras parpadea el sueño. La atmósfera está cargada de tensión, la luz tenue arrojando largas sombras a través de la habitación. Retire suavemente las portadas, desvelándola en su pijama rosa, desgarrada para exponer lo suficiente como para especiarse sin estar completamente expuesta. Su cuerpo es tonificado y natural, cada curva acentuada por la iluminación suave. Sus manos tiemblan mientras él llega, su corazón golpeando en su pecho. Ella lo mira con una mezcla de curiosidad y miedo, sus ojos reflejando la luz débil. La guía suavemente sobre la cama, su tacto tranquilizador pero nervioso. El momento está cargado de palabras sin palabras y un deseo palpable. Su aliento golpea mientras se apoya en más cerca, sus cuerpos se acercan. En un instante fugaz, duda, su mente corriendo con pensamientos de su pureza y sus propios temores. Pero entonces, empuja esas dudas a un lado y presiona sus labios contra ella, sus acciones que hablan más fuerte que las palabras. Se endurece inicialmente, su cuerpo reaccionando a la sensación desconocida, pero pronto se relaja en su abrazo, permitiéndose sentirse. El mundo exterior puede haber sido inconsciente, pero en este momento tranquilo e íntimo, dos almas están a punto de compartir algo profundamente personal, una pérdida de inocencia y una ganancia de experiencia que les dará forma para siempre.